8M: No Más Silencio

Seamos intolerantes al silencio”, proclama la académica y escritora guatemalteca Guisela López ante la imperante ola de violencia que viven las mujeres de todo el mundo.

-En el mundo, 840 millones de mujeres han sido víctimas de violencia física o sexual por parte de su pareja.

-Cada día, 137 mujeres y niñas son asesinadas por sus parejas o familiares.

-En Latinoamérica, son asesinadas 11 mujeres al día.

“Ponle nombre a tu tristeza, para conocer el nombre de lo que añoras”, escribe la poeta zapoteca Natalia Toledo en El dorso del cangrejo. Nombrar el dolor y la rabia nos permite materializarlos, reconocerlos, palparlos. Nombremos los horrores de la violencia porque no podemos combatir lo que no decimos en voz alta. Nombrémoslo porque hacerlo es también posibilidad de cambio y de lucha.

En el marco del #8M, Día Internacional de la Mujer, mientras los partidos políticos se autodenominan feministas, mientras el discurso se centra en los daños ocasionados a bienes materiales, en la legitimidad de las protestas y en el trasfondo del propio feminismo, ponemos sobre la mesa que hoy también es un día de memoria.

Estamos sostenidas sobre la memoria de las mujeres obreras que sembraron las huellas del movimiento, aquellas que a menudo quedan borradas en la historia y que nos recuerdan que la lucha se cimentó sobre el sacrificio y sobre reclamos que hasta la fecha resuenan: salarios dignos, trabajos justos, condiciones adecuadas.

Recordamos que hay un sistema que se beneficia de nuestro silencio y que las mujeres hemos tenido que luchar por nuestro lugar en el mundo, por nuestro reconocimiento como individuos, como sujetos políticos, como partícipes activas de los grandes cambios sociales.

Hoy, recordamos más que nunca que pertenecemos a todos los espacios: el hogar, el trabajo, el ámbito político, la esfera pública. Que nuestra voz tiene cabida en todos los discursos.

Recordamos también a las mujeres y niñas víctimas de violencia, de machismo, de feminicidio. A las mujeres que el sistema relegó y a quienes aún les debe justicia. A los niños y niñas huérfanos por feminicidio. A las mujeres asesinadas por crímenes de odio y transfeminicidio. Recordamos a aquellas cuyos nombres no llegaron a los titulares y a los familiares que exigen respuestas.

Recordemos a las niñas cuyos sueños fueron arrebatados antes de extender sus alas.

Recordemos a Fátima Cecilia Aldrighetti Antón, cuyo cuerpo apareció con signos de violencia sexual y tortura dentro de un costal envuelto en una bolsa de plástico a kilómetros de su escuela al sur de la Ciudad de México.

“Hoy fue mi hija, mañana puede ser la de ustedes” declaró Magdalena Antón Fernández tras recibir la noticia.

Siete años.

 

Recordemos a las que emprendieron un viaje del cual nunca volvieron.

Recordemos a Marina Menegazzo y María José Coni, mochileras argentinas cuyos cuerpos fueron hallados —con 48 horas de diferencia— dentro de bolsas plásticas cerca de las playas de Montañita, en Ecuador.

“Quedó paralizada por un tiempo. No se podía mover, pero sí podía ver y escuchar lo que pasaba”, declaró la forense encargada de revisar el cuerpo de Marina, asesinada por lesiones punzocortantes que perforaron su columna vertebral y médula.

A María José la mataron de un golpe en el cráneo; las fracturas en el fémur y las lesiones en su zona genital revelaron huellas de abuso sexual. 21 y 22 años, respectivamente.

Ni una menos_Marcha 8M

Recordemos a las hermanas y las hijas, cuyos nombres se suman a la interminable lista de feminicidios a los que México les debe justicia.

Recordemos a Mara Fernanda Castilla Miranda, estudiante de Ciencias Políticas de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), violada y estrangulada tras abordar un taxi de la plataforma Cabify.

Envuelto en una sábana, su cuerpo fue despojado en un barranco en Xonacatepec.

19 años.

 

Recordemos a las que entregaron su vida a los otros en un país que siembra muertos.

Recordemos a María Elizabeth Montaño Fernández, cuyo cuerpo fue abandonado en la carretera Cuernavaca—México tras diez días de su desaparición. Eli, como la llamaban sus amigos, fue doctora del Centro Médico Nacional Siglo XXI y jefa de Calidad Educativa del IMSS, defensora y activista por los derechos de la comunidad LGBT+.

47 años.

 

Recordemos a Ingrid Escamilla Vargas, asesinada por su pareja en su domicilio.

En cuestión de horas, medios de comunicación sensacionalistas habían difundido sin censura las imágenes de su cadáver desollado.

Para ellos, nuestros cuerpos desmembrados son un objeto más que desplegar en primera plana ante la mirada sentenciosa movida por el morbo y el escándalo.

25 años.

 

A partir de 2020, la Ley Ingrid penaliza a todo aquel que filtre imágenes, archivos o documentos de las investigaciones en trámite o de procedimientos penales.

Recordamos a Alexa, encontrada en el municipio de Tila, al norte de Chiapas.

Víctima de violencia extrema, fue vista por última vez jugando en el patio de su casa.

3 años.

 

Nombramos el horror y la violencia porque persisten, porque ponerlos en voz es apenas un primer cimiento para el cambio. Recordemos sus nombres, sus historias y la lucha sostenida por quienes siguen demandando justicia. Que su memoria nos impulse a seguir adelante, a exigir un cambio real y a garantizar que nunca más ninguna otra mujer ni niña sufra ninguna forma de violencia y discriminación.

Comprometámonos a recordar y luchar, no solo por una fecha, sino por un futuro en el que la libertad sea una realidad para todas.

 

 

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