En México, el cáncer cobra la vida de miles de personas cada año. De acuerdo con cifras publicadas por el INEGI, durante el 2023 se registraron 91,562 defunciones a causa de esta enfermedad. De estas defunciones, el 52.4% correspondieron a mujeres y el 47.6% a hombres. A nivel nacional, esto se traduce en una tasa de mortalidad de 70.8 muertes por cada 100,000 habitantes.
El cáncer, a menudo silencioso, no solo representa un desafío médico, sino que expone una crisis de salud pública. Es el alarmante recordatorio de la falta de recursos y el acceso limitado a tratamientos adecuados que enfrentan nuestros habitantes. Y ¿qué pasa cuando a este panorama se le suman las barreras de la desigualdad? ¿Qué significa esto para quienes buscan atención en un momento de necesidad?
Esta enfermedad no afecta a todos por igual. Entre la variedad de factores que impactan la atención oncológica, entre ellos económicos, sociales y geográficos, hay uno que debe ser destacado: el género.
De acuerdo con el artículo “Cáncer y perspectiva de género: una mirada a los datos. Revisión de la literatura en América Latina”, publicado por la Universidad de Guanajuato, la desigualdad en el acceso a programas de prevención, así como a la detección temprana y al tratamiento oportuno del cáncer, es un reflejo de la inequidad de género.
En 2024, el cáncer de mama se consolidó como la principal causa de muerte por tumores malignos, con un alarmante 99.2% de las defunciones ocurrieron en mujeres. Ante esta realidad, el gobierno ha buscado implementar una serie de iniciativas para mejorar la atención y el acceso al diagnóstico. Por ejemplo, el modelo de atención universal presentado por la presidenta Claudia Sheinbaum se alinea a su vez con el servicio que brinda el programa estatal “Ve’e tata – Salud en tu municipio” en Oaxaca.

A esta estrategia, la cual incluye atención gratuita a servicios de medicina general, nutrición, odontología, psicología y detección de enfermedades crónicas y degenerativas, se le suma la implementación de unidades móviles que recorren diversas localidades de la comunidad para llevar a cabo estudios de mastografía.
Si bien esta iniciativa es un paso importante, el estigma y las desigualdades de género continúan afectando el acceso a la atención necesaria, lo que refleja que aún queda un largo camino por recorrer en la lucha contra el cáncer.
Guadalupe Mayorga Malabehar, quien fundó la organización Mamas Sanas, señaló en una entrevista de 2016 que las mujeres indígenas de México enfrentan múltiples desafíos, incluyendo la pobreza, el analfabetismo y la falta de acceso a servicios de salud.
En esa misma, indicó que aunque la distancia geográfica de las comunidades es un obstáculo, el principal desafío son las ideas machistas que limitan su autonomía:
“Sus esposos les impiden asistir al médico, lo cual impacta de manera considerable en su salud”, comentó.
Hace 24 años, tras su diagnóstico y una cirugía de extirpación de mama, decidió transformar su experiencia en acción. Motivada por la necesidad de informar y apoyar a otras mujeres, fundó la organización Mamas Sanas, dedicada a la detección temprana del cáncer de mama.
Desde entonces, la fundación ha impulsado diversas iniciativas, entre las cuales podemos destacar campañas de detección temprana y donativos. También han desarrollado materiales informativos que buscan hacer accesibles los conocimientos sobre el cáncer de mama, incluyendo recursos en lenguas indígenas como el maya, náhuatl y otomí.
Han pasado 10 años desde aquella entrevista, y hoy es fundamental preguntarse: ¿qué tanto ha cambiado? En 2020, durante la pandemia de COVID-19, la situación en los hospitales de San Cristóbal de las Casas era crítica, exacerbada por barreras lingüísticas que enfrentan los hablantes de tseltal y tsotsil.
Este escenario refleja no solo la escasez de recursos en una nación reconocida por ser pluricultural, sino que también resalta que la crisis no está únicamente marcada por cuestiones de género, sino que también se entrelaza con retos lingüísticos que limitan el acceso a la atención y la información.
Como resultado de esta situación, surge la fundación de la iniciativa Ixchel, una organización civil que se ha dedicado a llevar intérpretes de tseltal y tsotsil a los hospitales públicos de San Cristóbal de las Casas. ¿Su visión? Como organización, sostienen “Que todas las personas ejerzan su derecho a la información y atención en salud de forma accesible, oportuna, con calidad, calidez, pertinencia cultural y libre de cualquier forma de discriminación”.
Hoy en día, Ixchel enfoca su labor en brindar acompañamiento a quienes enfrentan procesos de salud complejos, promover la comunicación intercultural para asegurar el acceso a servicios de salud que respeten la diversidad lingüística y, además, trabajar en la incidencia de políticas públicas que garanticen el derecho a la salud para todas las personas en Chiapas.
Desde El Eco del Sumidero, reconocemos profundamente el papel crucial de la sociedad civil, que se levanta y toma la iniciativa cuando la atención de los cargos correspondientes es insuficiente. En medio de la crisis de salud y en el marco del Día Mundial contra el Cáncer, exigimos acciones concretas y efectivas.
La voluntad colectiva y el compromiso de los ciudadanos son contribuciones invaluables que merecen ser destacadas por su impacto. Sin embargo, no exime a los responsables del gobierno federal de asumir su deber de proporcionar atención médica accesible y de calidad para todos.
El cáncer no discrimina, pero el acceso a la atención sí.

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